martes, 19 de junio de 2018

Artículos y noticias























































Sobre la felicidad
(enviado el 13 de julio/2018)

Los griegos entendían la felicidad (Aristóteles) como el buen vivir. Es decir, el ideal de vida de conformidad con la naturaleza. Realizar aquello para lo que estamos hechos. Si tenemos ojos, oídos, piernas inteligencia y sentimientos, que podamos realizar las funciones para las que han sido diseñados como ver, oír, andar, pensar y sentir.
Desde esta perspectiva, los animales y plantas también alcanzan cierto grado de felicidad según sus posibilidades sensitivas y motoras.

La siguiente premisa, realmente sobrecogedora, es que la naturaleza proporciona placer y disfrute en la realización de estas funciones. El bebé disfruta explorando su entorno y el adolescente necesita correr y hacer deporte, mientras que de adulto busca irremediablemente pareja, y así sucede en cada etapa de nuestra vida, que viene acompañada de diferentes grados de satisfacción.
Buscamos la felicidad impetuosamente, y por diseño conocemos y sentimos (que es la forma más común de conocer).
Hasta tal punto ha dispuesto la naturaleza esa necesidad de saber y de sentirnos felices que no nos conformamos con medias tintas. Más que necesidad es ansia, imperiosa, sobrehumana. Y no lo hemos creado nosotros. No es un producto cultural. Estamos hechos así. Y hasta tal punto, que anula la voluntad, la libertad y el propio yo independiente y soberano.

Decía Erasmo de Rotterdam que la naturaleza parece más una madrastra que una madre. Y es que ella tiene otro plan distinto al nuestro. Nos complace, pero con otra intención: proporcionar y mantener la vida.
Sería absurdo preguntarse el porqué. Solo hay una opción: aceptarla como es.

Nuestra aspiración es la felicidad; la de la naturaleza, mantener la vida. Y para ello nos seduce dulcemente, nos trae y nos lleva por derroteros diversos en nuestras búsquedas, aspiraciones, en nuestras ilusiones, dichas y desdichas...

Y para ello ha dispuesto todo de tal forma que somos uno de sus eslabones, quizás el diamante exquisito que aspira a la excelencia, a la máxima felicidad.
En realidad se ha definido la felicidad como aquel estado de conciencia en el que no aspiras a nada más, la PLENITUD.

Una plenitud que aparece como presencia a través del silencio y el vacío, de la quietud y de la escucha.
Cuando se logra alcanzar la plenitud, vislumbrarla, sentirla a nuestro modo en este mundo, aparecen claras sus intenciones, diáfanos sus cuidados, exquisitos sus caminos llenos de recovecos  y sorpresas.
Entonces deja de ser madrastra para convertirse en la Fuerza que une a todas sus criaturas... que deslumbra con su abundancia, su derroche de semillas, de vida, de formas, de criaturas impensables, de infinitas posibilidades, de segundos incontables, de respiraciones sin cuento, de infinitos momentos para sentir el ser...

¡Qué deliciosa esta reflexión sobre la felicidad de Prem Rawat!

                           


<><><><><><><><><><>

Todos los artículos anteriores puedes leerlos en Descubriendo el ser interior. Textos

No hay comentarios:

Publicar un comentario