martes, 19 de junio de 2018

Artículos y noticias























































Sobre la SIMPLICIDAD. (25-julio/2018)
Cuando nos enfrentamos a algo complicado: una situación, un problema, una forma de actuar, un contexto complejo... tendemos a simplificarlo. ¿Por qué? Porque reduciéndolo a lo esencial, analizándolo, buscando el nudo, retrocediendo a los inicios, nos es más fácil entenderlo y resolverlo. 
De ahí, que la simplicidad sea un recurso para mostrar algo, para constuir una teoría, un programa informático, para afrontar un reto, para entendernos. No olvidemos que la máquina más sencilla, la palanca, es insuperable. Rompámosla y tendremos dos palancas.
Si esto lo aplicamos a nuestro mundo interior, a la búsqueda del ser, de nosotros mismos, lo que de naturaleza hay en nosotros o lo inconsciente, según gustemos de un vocablo u otro, veremos que la simplicidad es algo natural, un requisito para el pensamiento, la línea recta para alcanzar un fin, la ley del mínimo esfuerzo -que siempre debe tomarse con cierto margen de error-; esa "subida", en palabras de Plotino, de lo concreto a lo universal, del ente al ser, de la existencia a lo atemporal, conlleva la presencia de la simplicidad.
La simplicidad nos lleva a lo contínuo, a la Unidad, al Bien y al Ser. 

Un hecho que asombra a quienes reflexionan sobre la naturaleza -que es un buen punto de partida de todo filosofar- consiste en que en esa multiplicidad de especies, todas son diferentes y que los individuos de cada especie son distintos de los demás de su misma clase. No hay dos cosas iguales decía Séneca, ni dos granos de arena nos recordaba Prem Rawat en una de sus alocuciones.

La simplicidad se muestra también en las relaciones humanas. Es la simplicidad del sentir más importante que la del pensar, en nuestras relaciones. Una vez que nos elevamos a nuestra manera hacia lo atemporal, aunque solo sea un deseo, el retorno a los demás ha de venir marcado por la simplicidad. El posible más simple es el Bien, el bienestar, que puede manifestarse de muchas maneras especialmente como Bondad. 

Sin adentrarnos más en una vía ética de cómo se debe ser, veamos una citas como reflexión final:
"Las criaturas se asemejan a Dios -el Bien- cuando transmiten el ser en forma de bondad a los demás" (Tomás de Aquino)
"Debemos pasar del yo, del mi, al nosotros" (Prem Rawat
"El mundo es bueno, porque es la suprema manifestación de lo divino", decían los medievales-.

Ver este enlace La sencillez

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Sobre la felicidad (enviado el 13 de julio/2018)

Los griegos entendían la felicidad (Aristóteles) como el buen vivir. Es decir, el ideal de vida de conformidad con la naturaleza. Realizar aquello para lo que estamos hechos. Si tenemos ojos, oídos, piernas inteligencia y sentimientos, que podamos realizar las funciones para las que han sido diseñados como ver, oír, andar, pensar y sentir.
Desde esta perspectiva, los animales y plantas también alcanzan cierto grado de felicidad según sus posibilidades sensitivas y motoras.

La siguiente premisa, realmente sobrecogedora, es que la naturaleza proporciona placer y disfrute en la realización de estas funciones. El bebé disfruta explorando su entorno y el adolescente necesita correr y hacer deporte, mientras que de adulto busca irremediablemente pareja, y así sucede en cada etapa de nuestra vida, que viene acompañada de diferentes grados de satisfacción.
Buscamos la felicidad impetuosamente, y por diseño conocemos y sentimos (que es la forma más común de conocer).
Hasta tal punto ha dispuesto la naturaleza esa necesidad de saber y de sentirnos felices que no nos conformamos con medias tintas. Más que necesidad es ansia, imperiosa, sobrehumana. Y no lo hemos creado nosotros. No es un producto cultural. Estamos hechos así. Y hasta tal punto, que anula la voluntad, la libertad y el propio yo independiente y soberano.

Decía Erasmo de Rotterdam que la naturaleza parece más una madrastra que una madre. Y es que ella tiene otro plan distinto al nuestro. Nos complace, pero con otra intención: proporcionar y mantener la vida.
Sería absurdo preguntarse el porqué. Solo hay una opción: aceptarla como es.

Nuestra aspiración es la felicidad; la de la naturaleza, mantener la vida. Y para ello nos seduce dulcemente, nos trae y nos lleva por derroteros diversos en nuestras búsquedas, aspiraciones, en nuestras ilusiones, dichas y desdichas...

Y para ello ha dispuesto todo de tal forma que somos uno de sus eslabones, quizás el diamante exquisito que aspira a la excelencia, a la máxima felicidad.
En realidad se ha definido la felicidad como aquel estado de conciencia en el que no aspiras a nada más, la PLENITUD.

Una plenitud que aparece como presencia a través del silencio y el vacío, de la quietud y de la escucha.
Cuando se logra alcanzar la plenitud, vislumbrarla, sentirla a nuestro modo en este mundo, aparecen claras sus intenciones, diáfanos sus cuidados, exquisitos sus caminos llenos de recovecos  y sorpresas.
Entonces deja de ser madrastra para convertirse en la Fuerza que une a todas sus criaturas... que deslumbra con su abundancia, su derroche de semillas, de vida, de formas, de criaturas impensables, de infinitas posibilidades, de segundos incontables, de respiraciones sin cuento, de infinitos momentos para sentir el ser...

¡Qué deliciosa esta reflexión sobre la felicidad de Prem Rawat!

                           


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Los artículos anteriores puedes leerlos en Descubriendo el ser interior. Textos

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