martes, 19 de junio de 2018

Artículos y noticias























































Sobre la felicidad
(enviado el 13 de julio/2018)

Los griegos entendían la felicidad (Aristóteles) como el buen vivir. Es decir, el ideal de vida de conformidad con la naturaleza. Realizar aquello para lo que estamos hechos. Si tenemos ojos, oídos, piernas inteligencia y sentimientos, que podamos realizar las funciones para las que han sido diseñados como ver, oír, andar, pensar y sentir.
Desde esta perspectiva, los animales y plantas también alcanzan cierto grado de felicidad según sus posibilidades sensitivas y motoras.

La siguiente premisa, realmente sobrecogedora, es que la naturaleza proporciona placer y disfrute en la realización de estas funciones. El bebé disfruta explorando su entorno y el adolescente necesita correr y hacer deporte, mientras que de adulto busca irremediablemente pareja, y así sucede en cada etapa de nuestra vida, que viene acompañada de diferentes grados de satisfacción.
Buscamos la felicidad impetuosamente, y por diseño conocemos y sentimos (que es la forma más común de conocer).
Hasta tal punto ha dispuesto la naturaleza esa necesidad de saber y de sentirnos felices que no nos conformamos con medias tintas. Más que necesidad es ansia, imperiosa, sobrehumana. Y no lo hemos creado nosotros. No es un producto cultural. Estamos hechos así. Y hasta tal punto, que anula la voluntad, la libertad y el propio yo independiente y soberano.

Decía Erasmo de Rotterdam que la naturaleza parece más una madrastra que una madre. Y es que ella tiene otro plan distinto al nuestro. Nos complace, pero con otra intención: proporcionar y mantener la vida.
Sería absurdo preguntarse el porqué. Solo hay una opción: aceptarla como es.

Nuestra aspiración es la felicidad; la de la naturaleza, mantener la vida. Y para ello nos seduce dulcemente, nos trae y nos lleva por derroteros diversos en nuestras búsquedas, aspiraciones, en nuestras ilusiones, dichas y desdichas...

Y para ello ha dispuesto todo de tal forma que somos uno de sus eslabones, quizás el diamante exquisito que aspira a la excelencia, a la máxima felicidad.
En realidad se ha definido la felicidad como aquel estado de conciencia en el que no aspiras a nada más, la PLENITUD.

Una plenitud que aparece como presencia a través del silencio y el vacío, de la quietud y de la escucha.
Cuando se logra alcanzar la plenitud, vislumbrarla, sentirla a nuestro modo en este mundo, aparecen claras sus intenciones, diáfanos sus cuidados, exquisitos sus caminos llenos de recovecos  y sorpresas.
Entonces deja de ser madrastra para convertirse en la Fuerza que une a todas sus criaturas... que deslumbra con su abundancia, su derroche de semillas, de vida, de formas, de criaturas impensables, de infinitas posibilidades, de segundos incontables, de respiraciones sin cuento, de infinitos momentos para sentir el ser...

¡Qué deliciosa esta reflexión sobre la felicidad de Prem Rawat!

                           


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Todos los artículos anteriores puedes leerlos en Descubriendo el ser interior. Textos

lunes, 11 de junio de 2018

Qué significa la paz


¿Qué entendemos por paz


¿Por qué siendo algo tan sencillo cada uno entiende la paz de un modo diferente? 
¿Será porque la buscamos fuera de uno mismo? 

Para muchos, tener dinero, tiempo libre, amistades, amar a alguien, una vida sin preocupaciones y con ocio para sentirse libre, ir al campo, resolver un conflicto, ausencia de guerra, etc. parecen ser definiciones de la paz. Distingamos la paz política de la social y de la personal. 
Con respecto a la paz política y social hay elementos externos, objetivos, que permiten definirla como lo opuesto a la guerra y a la violencia. Sería fácil alcanzar una opinión aceptada por todos.   
En cuanto a la paz personal, encontramos serias dificultades. Para concebir una idea de la paz personal a la que referirnos todos al hablar de ella, deberíamos tener una referencia común; al menos, una experiencia aproximada. No ya sentir todos lo mismo, pero sí relacionarnos con la paz de una misma forma y tener una experiencia similar que nos permita dialogar, hablar sobre ella y poder compartirla. Y al tratarse de una vivencia individual, ayudar a descubrirla sin envoltorios ideológicos ni religiosos. Entendemos la paz como una vivencia personal que puede transmitirse a nuestro entorno social y político.
                                                                                                                                                                                                                                                                  


En cuanto a la paz personal, como fundamento de la paz social y política, es el punto de partida de nuestra reflexión. En cuanto que se la conoce individualmente, el observador se convierte en objeto de su propia reflexión con la consiguiente pérdida de objetividad. Eso la reduce a un fenómeno de conciencia difícil de verbalizar y con sus ventajas e inconvenientes.

Algunas definiciones objetivas de la paz social y política:
Pax romana como ausencia de guerra.
Paz de conciencia tras cumplir con deberes morales o religiosos.
Paz eterna de Kant como un concierto de naciones basado en principios éticos.
Paz laboral como justicia social en tanto a una redistribución equitativa de bienes.
Paz activa  -de Gandhi- basada en la no-violencia (huelga y desobediencia a las leyes).
Paz armada, recurso al miedo a una destrucción mutua.

Así pues, un primer acercamiento a la idea de la paz personal sería considerarla un fenómeno de conciencia, un componente irracional -no explicable por la razón-, una forma de sentir el ser, un valor añadido a la existencia, una consecuencia del bienestar.
Al ser una vivencia la que sirva de referente, no puede ser enseñada. Ha de ser descubierta de forma individual. Es intransferible. No sirven los razonamientos. Solo podemos vislumbrar lo que otros sienten en relación a lo que siente uno mismo.    

Mac Guinnis James dice en Education for Peace and Justice: "La paz no es solo un concepto a enseñar, sino una realidad a vivir. El estilo de enseñar debe reflejar la vivencia de la paz. Si no es así, el concepto de la paz no tendrá su equivalencia con la realidad.
Serán palabras vacías"
  
Como la violencia, la paz es un estado de ánimo que se transmite de forma natural, sin discursos ni ideologías ni creencias. Solo quien vive la paz puede transmitirla a los de alrededor, porque nadie da lo que no tiene. Dice Marie von Ebner-Eschenbach“Solamente puedes tener paz si eres capaz de proporcionarla”. 

Una forma de definir la paz personal podría lograrse invirtiendo los términos de una definición de la violencia interior.

Podríamos avanzar algunos sinónimos como equilibrio, serenidad, armonía. Pero siempre que hay violencia debemos considerar que se da entre dos polos enfrentados, dos vivencias inasumibles, dos formas de ser diferentes dentro de un "yo" creado por la sociedad en el que hemos incluido nuestras propias vivencias. 
Así, vemos que ese yo externo no se sostiene cuando nos hallamos solos con nosotros mismos. Cuando a punto de dormir prescindimos de nuestro entorno, de las creencias, del que dirán, de las responsabilidades, de todo pensamiento sobre lo que somos. Es el momento de saber que no somos realmente lo que nos han hecho creer los demás. 
¿Qué suele sentirse en esos momentos? Pues esa sensación de tranquilidad sin la cual resulta imposible conciliar el sueño. 
¿No es cierto que asociamos la paz con el sueño/muerte? 
¿Es el sueño la puerta de acceso a vivenciar la paz? 
¿Qué es lo esencial de la paz?
¿Es la paz nuestra auténtica forma de ser?


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La paz como requisito para la vida.

Es difícil vivir en una zona de conflicto. Salir a la calle a buscar alimento o hacer vida social sin arriesgarse a morir violentamente. Algo similar le ocurre a quien vive en un ambiente violento. Las secuelas económicas, psíquicas y morales solo las conoce realmente quien las ha vivido. La paz es un requisito necesario para crear sociedades, familias, amistades, para desarrollar el comercio y la cultura y para progresar económica y emocionalmente.
En cuanto a la paz personal, La violencia y el estrés llegan a minar la propia salud, a crear problemas donde no los hay, a distorsionar la realidad y alejarnos de lo que podemos ser.
La serenidad es un valor que todos deseamos. Nos permite ver las cosas como son, sin distorsiones; muchos de los problemas se resuelven solos una vez iniciados los medios para encauzarlos. Vivir sin preocupaciones pero conscientes de lo que nos rodea y de lo que realmente somos puede ser una excelente forma de vivir.  

¿Qué es para mí la vida?
La vida es el valor más alto. No puede ser usado para lograr otros fines. Veamos qué nos dicen estas dos fotos sobre la existencia.


                                                                 
El perro es para el niño, más que un ser desconocido, un mago disfrazado y silencioso al que trata de entender; es el misterio personificado en el mago benefactor de los cuentos. El anciano, en cambio, ha perdido esa sensación del misterio y solo le queda el amor de su compañero. El niño quiere descubrir qué ocultan los ojos del perro. Parece buscar sintiendo, ahondar mirando. Hay algo que desaparece y algo que surge a la largo de la existencia. Un antes y un después; un preguntar y el saber. El misterio parece reconvertirse en amor. 

Decía Nietzsche sobre la vida que la voluntad de vivir es irresistible. Es la esencia del ser vivo. La ley de la Voluntad (el ser) es la alegría, es amarse a sí misma perpetuamente. Por eso nos separamos del origen, "arrojados al mundo" como decía Heidegger, para ser atraídos de nuevo en un eterno retorno envueltos y empujados por el amor.

"Dios no puede abandonar la voluntad que le hace amarme" rezaba el Maestro Eckhart.

Venía a decir Bergson que el hombre empujado por el "Elan Vital" busca su origen, lo primordial. El impulso vital crea constantemente en una "evolución creadora". Y esta evolución se dirige a un aumento de la conciencia que parece buscarse a sí misma para una unión final.


Momentos de reflexión.
"En esta vida eres un viajero solitario. Si no comprendemos la naturaleza de ese viaje, acaba uno por perderse; porque es el único viaje en el que, por su propia naturaleza, no se puede volver atrás. El responsable de que no se pueda dar marcha atrás se llama tiempo". (Prem Rawat

Tres aspectos claves de la vida: Amor, Verdad y Belleza. ¿Cuál añadirías tú?




Como reflexión, estos clichés que se oyen en la calle:

“La vida es un viaje”. 
Puede serlo para quien no ha encontrado su lugar de descanso, su hogar.

A su favor, el que puede referirse a la transitoriedad de la vida.

“La vida es un conflicto”. ¿Todos los momentos del día vivimos en un conflicto del que no podemos descansar? 

Recordemos el dicho de Gandhi: "La vida no es para resolver problemas sino para descubrir el misterio".


Como final para este apartado un vídeo para reflexionar



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¿Hasta qué punto valoramos la paz? 

¿Cómo podemos valorar algo que no conocemos?
¿Es la paz una curiosidad o una necesidad?
¿Por qué nos interesa la paz?

Las cosas que nos rodean atraen nuestra atención con mayor o menor intensidad. Las valoramos en función del grado de satisfacción que nos proporcionan. Porque en el fondo estamos buscando fuentes de satisfacción continuamente. Y decimos de algo que es valioso, le damos valor.
De todo lo que me rodea, ¿hasta qué punto me interesa la paz si no sé qué satisfacción me va a dar? Todo lo que cuesta tiene un precio. 
Efectivamente, el precio a pagar es tu tiempo. Un tiempo en el que podríamos obtener otras satisfacciones. 
¿De verdad llevamos una vida tan satisfactoria que nos priva de otro bienestar el leer este blog? 

En vista de que no es así, podré dedicar unos minutos a observar mi respiración al terminar este corto dvd. Y así podré satisfacer mi curiosidad, aunque no llegue a saber realmente lo que es capaz el aliento de hacer por mí.

Si el aliento me trajera felicidad, algo para lo que estamos diseñados, la paz sería una necesidad en vez de valorarla como mera curiosidad. 

Sobre la felicidad suele decirse que es realizar aquello para lo que estamos hechos. La primera y la máxima exigencia que nos pone la vida es buscar la satisfacción (Epicuro). 
De hecho, estamos rodeados desde que nacemos de constantes momentos de bienestar. 

Así pues, cuando satisfacemos al máximo esa exigencia natural nos sentimos plenos. 



Los niños parecen gozar de ese privilegio por diseño; a los mayores nos exige cierto esfuerzo el buscarla dentro de uno mismo. Pero "con paciencia todo se alcanza" decía Teresa de Jesús. 



--- ¿Esto es lo que lee mi papá para ser feliz? ---


 Estaremos de acuerdo en que vivir en paz es una fuente inagotable de satisfacciones.  

Nos falta contestar a la tercera pregunta del inicio: "¿Por qué nos interesa la paz?"

Creo que la respuesta viene al final de este vídeo, como todo en la vida. 


                                                                                               "Diez razones para la paz"



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Hablando de la felicidad

Conocemos tantas bellas definiciones sobre la felicidad que no nos detenemos a considerar los pormenores que implican. 
Así, aquella de Epicteto
"La felicidad no consiste en poseer y gozar, sino en no desear",

nos indica que los deseos traen frustración y que este engaño nos aparta de la felicidad que podamos hallar en una vida sencilla. 
La felicidad se equipara a cierto conocimiento. El saber que el disfrutar a través de los sentidos no puede depararnos una satisfacción plena y que la ausencia de plenitud genera sufrimiento. Siempre llegamos a conocer algo a través de la creencia -hipótesis, supuestos-, pero que la creencia no obstaculice el hallar respuestas.

También parece anunciar el VACÍO como aproximación a uno mismo (el ser). Que ya anunciaba, aunque con otro objetivo Cicerón
"¿No te place la luz de esta vida o la respiración de este cielo?"   


Eckhart, del s. XIV, decía: 
"Donde la criatura termina, comienza el Ser -lo que eres realmente-... 
[Donde termina mi falso yo, mis creencias, opiniones, sensaciones, comienzo a ser yo mismo, el "yo" auténtico. Distingamos en esta reflexión lo que hay de falso en uno mismo]

"Cuanto más te vacías de ti mismo, tanto más eres dueño de ti mismo... 

[Una vez identificadas las falsedades que nos han hecho creer los demás, nos sentimos más libres en nuestras tomas de decisiones].

"El vacío nos permite estar en el continuo presente del ahora. 

[Como resultado de esa autenticidad o verdad interior, el tiempo presente, la única forma temporal que se da en naturaleza, impone su veracidad con un "ahora" asombroso].

"La paz viene tras abandonar todas las imágenes y formas (recuerdos), sensaciones, intereses. 
[Y la paz, compañera inseparable del vacío, muestra su espectacular belleza]

"Deja al Ser ser en tí".

[Por nuestra parte, solo podemos asombrarnos de la magnífica conciencia del ser. Aceptar su realidad sin buscarle explicaciones externas puede llegar, incluso, a cuestionar nuestra acostumbrada forma de razonar. Conocer ya no es razonar sino comprender, intuir, sentir, valorar, captar, sentirse uno sin brechas, sin escisiones. Para muchos nos es más difícil recibir que dar].


Conocer el ser es conocerse a uno mismo



Para terminar, parafraseo este hermoso dicho de Agustín de Hipona 
sobre el esfuerzo y la esperanza:
"Busquemos como buscan los que aún no lo han sentido,
y sintamos como sienten los que aún han de buscar".

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¿A qué nos conducen estas reflexiones?

Antes de pasar al aspecto práctico, es decir, a una manera natural de sentir paz personal, llamémosla serenidad, te propongo una última reflexión. 
Una sugerencia. Es conveniente que toda reflexión que hagamos parta de la experiencia, de lo que está dado, de nuestra existencia (el Dasein de Heidegger). Es decir, no basarse en apriorismos, creencias o principios dados sino de la observación de hechos y del entorno material que nos rodea. 
En algún momento hemos de recurrir a creencias, pero, al menos, que tengan visos de posibilidad. Ajustarse al principio de contradicción para no caer en un absurdo (una cosa no puede ser y no ser a la vez. Ej. la creación de la nada. De la nada solo sale nada).

Así pues, con qué contamos al observar nuestro entorno.

A- Hay una fuerza de ATRACCIÓN que observamos en la naturaleza (el Amor de Empédocles). Esta atracción que se muestra en la materia física parece haber generado organismos vivos, que tienden a unirse y formar entes complejos multiorgánicos. Nos impulsa a crear sociedades, culturas, civilizaciones, como formas de sobrevivir en un entorno hostil. Cuando sentimos esta atracción hacia personas, ideas u objetos no son más que formas de amar. 

B- El primer resultado evidente de esta fuerza sería la VIDA con su exuberancia y múltiples formas. Recordemos que en toda célula ya se observan orgánulos que luego formarán órganos -colonias de seres vivos con una función determinada). Todo está lleno de dioses, como decía un filósofo griego, de vida exuberante. Una vida en constante evolución de formas y posibilidades.   




C- La obsesión por CONOCER en los animales y en el ser humano parece impuesto por la necesidad de buscar alimento y protección; siempre a favor de la vida que desea perpetuarse. (Los ejemplos son interminables; desde que nacemos no cesamos de conocer nuestro entorno)

D- Otro impulso irresistible que nos es dado es la búsqueda de satisfacciones. Llamamos FELICIDAD a la máxima satisfacción. Lo curioso es que no la encontramos fuera de nosotros mismos. Y eso nos condena a una búsqueda interminable o al conformismo. 
El icono de la felicidad es el dinero puesto que nos permite lograr muchos pequeños y breves momentos felices. Satisfacciones que son "el chocolate del loro" para que mantengamos la vida sin preocuparnos por sacarla adelante. Parece que la naturaleza no nos ha confiado esta tarea, aunque sí el de preservarla.

E- Un último impulso que está por encima de lo individual es la necesidad de MEJORAR. Siempre queremos más de todo lo bueno. No nos conformamos con saber algo ni con sentirnos bien durante un rato. Lo han llamado VOLUNTAD muchos pensadores. 
Estos impulsos nos sobrepasan, vienen dados en esta existencia como condiciones impuestas desde el origen. Podríamos considerarlas como el marco que encierra las posibilidades que nos son dadas con el existir.

¿Podremos concluir que vivimos condicionados por el Amor, la Felicidad, la Verdad, el Bien? O al menos en este contexto parece desarrollarse nuestra vida. ¿Podemos ser optimistas?

Y así, pasamos a una forma práctica de ahondar en esas posibilidades de conocer realmente el ser, el sí mismo. 
Espero que disfrutes con la propuesta que te hago en el apartado siguiente: "Primeros pasos para descubrir la paz". 

En este vídeo, la pregunta universal de "qué somos" lleva a una exaltación breve de la vida. Si sientes algo agradable al verlo, observa unos momentos tu respiración y mécete en ella. Te servirá de introducción para el siguiente apartado. 





Para terminar, me despido con un poema de Vicente Aleixandre que muy bien podría uno aplicarse a sí mismo: el origen, "arrojado al mundo", y una sugerente posibilidad de ser.

"Lejos estás, padre mío, allá en tu reino de las sombras.
Mira a tu hijo, oscuro en esta tiniebla huérfana,
lejos de la benévola luz de tus ojos continuos.
Allí nací, crecí, de aquella luz pura
tomé vida, y en aquel fulgor sereno
se embebió en esta forma, que todavía despide
como un eco apagado, tu luz resplandeciente".   









sábado, 9 de junio de 2018

Primeros pasos para descubrir la paz

Saber más: www.lapazesposible.es

 ¿Cómo sacarle provecho a cada aliento?


Necesitamos vivir el momento de forma absoluta sin pensar en otra cosa que no sea el PRESENTE. 
No existen ni el pasado ni el futuro. Como dijo  Platón: "El presente es una imagen movible de la eternidad".
Otro requisito es la VOLUNTAD. Si quieres, con un poco de paciencia lo conseguirás.
Sugerimos que después de escuchar un vídeo que observes la respiración en el ahora. 
No hace falta creer en las opiniones de nadie. Mira, siente y respira. Esas son las claves. Luego, saca conclusiones. Pero se recomienda paciencia, calma, sin prisa. Es el momento de estar con uno mismo. Lo natural lleva su tiempo. Dedica unos minutos al día, te sentirás mejor.  



Por dónde empezamos a descubrir la paz?

 Lo lógico es por uno mismo. 


No está donde pensamos, aunque en nosotros haya sentimientos opuestos. 
No se trata de combatir la negatividad para sentirse bien. El objetivo es no pensar tanto y sentir algo. Ver como el aliento discurre gozoso en nuestro cuerpo puede ser un alivio para ti. 
Por eso, mientras ves este vídeo ve a tu interior en la soledad del que trata de conciliar el sueño.   



¿Qué somos realmente?

Hay muchas formas de ser. Cada uno es como es, con sus circunstancias, cualidades, sucesos, con su manera de relacionarse, de sentir, de pensar... circunstancias y accesorios que nos diferencia de los demás. Siendo diversos tenemos en común la vida. ¿Pero somos realmente eso, un cúmulo de casualidades? ¿En algún momento del día podemos percibir la diferencia entre lo que somos realmente y lo circunstancial?
-Sí.
Cuando desconectamos para ir a dormir y nada queda de todo lo externo: el trabajo, las amistades, los problemas, lo hecho y lo que hemos dejado sin hacer... Nos recluimos en nosotros mismos, en el vacío del sopor y en el estar con uno mismo antes de caer en el sueño. Y si a ese ser uno mismo le pusiéramos un nombre, lo llamaríamos "el ser", sin más.

¿Pero qué es el ser? ¿Qué se esconde en el ser? ¿Está en la inconsciencia nuestro ser escondido por algún propósito? ¿Habría alguna posibilidad de entrar en ese sueño y sentir lo que esconde el ser? 
-Sí. Observando el respirar de alguien dormido podemos aprender que nuestra respiración debe acompasarse a su ritmo natural si queremos acercarnos a ese estado del sueño. Recorremos un camino inverso: Vamos del efecto a la causa, de un acompasado respirar a la fuente del sueño. 
¿Y qué podemos encontrar dentro de uno mismo? 
Quizás en él hallemos lo mejor de nosotros, la más bella sensación de unidad.




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El tiempo es nuestro aliado


¿Podríamos imaginarnos un vivir fuera del tiempo? Congelados sin poder movernos, que nada pudiera verse, nada podríamos pensar, no podríamos andar, comer, charlar. No sucedería nada. Nada de nada. Es como si hubiéramos caído en un agujero negro en el que ni a la luz se le concede libertad.
Podemos medir el tiempo que transcurre entre dos fenómenos, pero no la vivencia del tiempo. Se nos hace larguísima una espera o muy cortas unas vacaciones. Cuando nos concentramos en algo, el tiempo pasa volando, perdemos la noción del tiempo. El tiempo, es pues, una percepción de la conciencia.
Veamos brevemente algunas opiniones sobre el tiempo: 

"No nos bañamos dos veces en el mismo río" (Heráclito)

Los griegos creían que el mundo (la materia) era eterno. Y puesto que existe, solo puede darse en el presente.  El mundo cambia constantemente en un eterno presente para este filósofo griego. ¿Qué relación mantiene el ser, como una fuerza o motor primordial, con el constante devenir que observamos en la naturaleza? Heráclito se enfrenta e este problema: cómo el ser de las cosas dejan de ser cuando estas se transforman.


"Todas las cosas son diferentes entre sí. No hay dos cosas exactamente iguales" (Séneca). 

Cuando observamos un árbol o un animal no se nos presenta como fue ayer, sino como es en ese momento. El árbol ha crecido de un día para otro -un crecimiento imperceptible pero real-. La naturaleza no recrea los seres dos veces. No rebobina. Sigue su curso imparable. No encontraremos dos granos de arena exactamente iguales. Así, nuestro conocimiento de los fenómenos en constante cambio no puede concluir elaborando unas leyes inmutables sino en aproximaciones estadísticas. La ciencia no aporta verdades absolutas ni mucho menos universales. 

"El tiempo pasado es una creación de la memoria; y el tiempo futuro una proyección de lo ya vivido. Solo existe realmente el presente" 
(Confesiones de Agustín de Hipona).

Así pues, realmente solo disponemos del tiempo presente.

Para Bergson, la fuerza de la naturaleza -aspecto del ser-, el Elán Vital, se manifiesta en una creación constante, una "evolución creadora" que se da en el tiempo presente. El tiempo es un estado de conciencia y Dios -el Ser- una eterna primavera en la que se muestra el ser.

"El presente se prolonga infinitamente hacia adelante y hacia atrás formando un eterno retorno... Si la vida se repitiera infinidad de veces, cada vez habría que modificar la relación con el presente. Imprimamos a nuestra vida el sello de la eternidad... y al devenir la marca del ser". (Nietzsche

Que lo que hagamos sea tal, que no pueda ser de otra manera. Elegir lo mejor en cada momento y hacerlo como si fuera a permanecer en nuestra eternidad. Así el tiempo presente queda marcado por la impronta del ser y nuestra temporalidad adquiere el máximo sentido al convertirse en un instrumento del ser, en una posibilidad necesaria, en una oportunidad única. Pero siempre, que permanezcamos en el presente que es donde se muestra el ser. 


Heidegger 
dice que en el tiempo se despliega el Ser dando sentido a nuestra vida.
Captar el ser en el hombre supone entender el propósito del Ser, el sentido de la existencia. 
El sentimiento ("temple") de sentirse "arrojado en el mundo", desvalido, nos sugiere la idea del PASADO.
La noción de finitud y de la muerte nos lleva a presentir el FUTURO. 
Y el "carácter abierto" a conocer el ser nos ancla en el PRESENTE. 


En "Qué es Filosofía" manifiesta la finitud de la razón para conocer el ser con estas bellas palabras: 

Para nosotros, los hombres de hoy, 
es demasiado grande la grandeza de lo que hay que pensar. 
(Quizá la respuesta del pensar sea el silencio). Solo Dios -Ser- puede salvarnos. 
Nuestra única posibilidad es preparar pensando y poetizando su aparición... 
o morir frente a un Dios ausente. 
Hemos llegado demasiado tarde para los dioses (de la religión mistérica griega) 
y demasiado pronto para (conocer) el Ser, cuyo poema empezado es el hombre.


La naturaleza es un eterno presente como dirían los filósofos griegos. Y vivimos atrapados, inmersos en un presente que se nos ofrece a cada instante. Si comprendemos que las ideas, recuerdos, vivencias, son grabaciones de algo pasado, sin realidad salvo en nuestro pensamiento, habremos dado un gran paso para conectarnos con la naturaleza que actúa constantemente en un sobrecogedor presente. 

Si vamos a intentar captar el ser de uno, hemos de hacerlo en sincronía con el presente, pues es en el momento del ahora cuando se desarrolla el ser. 
Te invito a ver este breve vídeo sobre el presente:



Si el ser es eterno, puesto que todo proviene de un solo principio, de una única sustancia [noción de sentido común extraída de una reflexión sobre la naturaleza], el ser ha de ser eterno e inmutable. Eso quiere decir que es ajeno a la existencia y que no alcanza ningún tipo de perfección que ya no posea. 

Por tanto, el tiempo es, para Häberlin, un efecto del ser al desplegarse. El ser crea el tiempo cuando adquiere la forma de devenir (cambio) en un individuo. Nuestra existencia es una forma del ser que se despliega eternamente para volver a su fuente, la unidad que sentimos todos en forma de amor. 

El ser no se contamina con nuestras acciones, simplemente pagamos nuestra separación con la moneda del sufrimiento, más o menos intensa en cada persona. De esta forma trata de solventar Häberlin la antinomia ser-devenir, lo que permanece a través de todo cambio. 

"Conocerse a sí mismo, al ser, es el objetivo de nuestra existencia".

Algo sin igual yace en nosotros y es en nosotros donde se ha de encontrar ese algo. 
En este vídeo brevísimo Prem R. nos anima a buscar el ser.

Parafraseando a Agustín de Hipona podemos decir que 
al ser que se esconde se ha de pedir, 
en nuestro interior se ha de buscar 
y a su puerta se ha de llamar; 
solo así se recibirá, así se hallará, así se abrirá la puerta. 



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Un pequeño paso, un gran logro, estamos en marcha...

El conocimiento de uno mismo comienza por considerar la paz como una recurso propio, algo alcanzable que, por tanto, requiere atención y tiempo. Atención para obtener algo que no se logra con procedimientos mecánicos como simplemente respirar; y tiempo porque requiere paciencia y cierta continuidad en lo que proponemos.  

Cuando algo se esconde, suele ocultarse detrás de algo diferente. La paz interior, aunque todos logramos en el día cierto nivel de tranquilidad, puede convertirse en algo asombroso cuando la sentimos. ¿De qué somos consciente durante el día si no estamos navegando en aguas serenas? ¿Podríamos decir que hay una guerra interna sucediendo en nosotros? Y cuando una confrontación genera malestar, es que hay dos elementos enfrentados, en oposición, en lucha, en disputa... 

Si nos percatamos del malestar interno, es que no estamos inmersos en él; lo vemos desde una perspectiva diferente; somos su antagonista, quien trata de buscar alivio, quien objetiva el problema, quien desea superar algo... 
¿Somos consciente de esa antinomia, de esos contrarios, de la ausencia de algo, de cierta carencia, de sentir el ser, la serenidad y la paz? 
¿Desde dónde vemos el malestar, la ausencia de tranquilidad sino desde el ser más auténtico? 
Esta reflexión ya se la hizo Sartre en su demostración ontológica del ser. El ser existe en nosotros puesto que somos capaces de ver el mal, el vacío que produce náusea y hastío, somos capaces de objetivarlo en un sentimiento de desagrado, de rechazo.     

En nosotros reside la capacidad de elegir, pero antes, démonos cuenta de que el zorro ha entrado en el gallinero, en nuestro país como se titula el vídeo que sigue.






A modo de reflexión: 
¿Qué sentimiento ha despertado en ti este vídeo?
Observa tu respirar tratando de ahondar en ese sentimiento. El aliento es como una ventana al ser interior, un amigo con quien compartir lo bueno que él nos ofrece.



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Un mundo de distracciones


Vivimos inmersos en una cultura que proclama el conocimiento de la naturaleza como la verdad de referencia. Por eso decimos que algo es verdad cuando vemos su correspondiente referente en lo material. Sin embargo, desde los comienzos de la Filosofía se ha atribuido un grado de verdad a las construcciones del pensamiento: números, recuerdos, ideas... aunque solo son verdades mientras las pensamos.
Esto tiene sus ventajas para desenvolvernos en este mundo y su inconveniente cuando tratamos de conocer al ser interior, lo que no cambia de nosotros mismos.

En nuestro día a día estamos sumergidos en un constante fluir de sensaciones que absorben nuestra atención. Incluso los sentimientos y las vivencias propias vienen asociados a personas, a paisajes, a momentos lúdicos o desagradables; y a través de ellos intentamos darles objetividad, proporcionales vida, una existencia guardada en nuestro recuerdo. Y necesitamos estas creencias para sustentar la cotidianeidad.

¿De qué nos sirven tales presencias si para recogerse uno en sí mismo debe cerrar los sentidos, pausar la imaginación y calmar la memoria?

Toda sugerencia en esta dirección para centrar la atención en nuestro interior nos lleva al presente, a vivir el instante como una realidad radical. Pues la raíz de todo acercamiento se hunde en la atención. 
La naturaleza, y el aliento es naturaleza pura, no contempla el pasado ni el futuro como realidad. Sincronizarse equivale a prescindir del tiempo, a vivir el ahora, ya, aquí, en mí, ahora.

¿Qué perdemos al distraernos? La posibilidad de acercarnos al ser. ¿Y qué hay en el ser? ¿Cómo se vive ese acercamiento? 
Te invito a ver este vídeo, a retener esa sensación y guardarla en el cofre del aliento. 
Que lo disfrutes.     







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Cita de Schelling

La realidad descansa en el fondo de nosotros mismos, y ese nosotros mismos constituye el núcleo primero de la Filosofía. Cómo conocemos -teoría del conocimiento-, cómo interpretamos la realidad y cómo debemos comportarnos -ética- emergen de la forma en que se siente, se capta o se intuye el ser de uno mismo. 
Bien con un sentimiento de unidad o de presencia, de serenidad u otras formas, TODOS tenemos acceso a nuestro delicioso mundo interior.  
Así lo intuimos en Eckhart, en Mª Zambrano, en Heidegger y en tantos otros que iremos viendo.

Schelling es considerado un precursor del Psicoanálisis y de Jung al proponer penetrar en el pasado que subyace en el presente. Nace en 1775 y pertenece al movimiento del Idealismo alemán.    

                                                                                                          "Todos poseemos un poder misterioso, maravilloso, que permite sustraernos a las huellas del tiempo y despojarnos de todas las relaciones exteriores para entrar en nosotros mismos. Y así, contemplar lo eterno en su aspecto inmutable. Tal contemplación constituye la experiencia más íntima, la experiencia más auténtica y de la que depende todo lo que sabemos o creemos saber del mundo suprasensible. 
Esta experiencia es la única que nos enseña lo que una cosa es en su sentido auténtico, sin la deformación de los sentidos, mientras que todo lo demás no es sino apariencia a la que aplicamos la palabra ser como una generalización" (Cartas sobre el dogmatismo y el criticismo).

"Debemos buscar el principio fundamental más absoluto, que no puede ser demostrado y, por ello es el fundamento de la conciencia" (del uno mismo). Por muy incomprensible que pueda resultar esta idea, lo cierto es que en todo hombre existe un sentimiento que responde a ella: el haber sido lo que es desde toda la eternidad y no haber llegado a serlo sólo en el tiempo". ("Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana").   




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